Kevin Johansen comenzó su carrera solista grabando
en Nueva York, en el sello de Hilly Krystol, dueño del emblemático CBGB, donde
naciera décadas atrás la banda Ramones. Sin embargo, tuvo que esperar varios
años para alcanzar la popularidad en Argentina, que llegó de la mano de un
fenómeno televisivo. De allí en
adelante, la curiosidad de un nuevo público aumentó considerablemente el número
de butacas en sus conciertos, y, paulatinamente, fue obligando a los críticos a
abandonar el término “de culto” para referirse a su cancionero, que él no duda
en considerar popular. Artista algo inclasificable, sus discos sorprenden por
el eclecticismo, el bilingüismo y la sutileza de sus canciones. En una
entrevista a fondo desmenuza la historia de varios de sus temas, el modo de utilizar
la ironía y el humor para contar historias, su relación con la industria
musical, lo pasado, lo prohibido, y la posición política que han elegido tomar
varios personajes artísticos en la
Argentina de hoy.
ph. Francisca Gortari
“Anduve por el norte, anduve por el sur, como
autogeografía en un eterno tour
vi que no es
solamente cuestión de latitud…”
(Kevin Johansen, Road
movie).
Tiempo
antes de desembarcar por segunda vez en Buenos Aires con un fresco cancionero
solista bajo el brazo, Kevin Johansen había emprendido un viaje al norte de casi
todo. Inmerso en un derrotero sonoro itinerante, con su guitarra, un demo muy casero
y nada por perder, anduvo por bares
neoyorkinos, dando vida a un sueño americano que iba traduciéndose en cuentos,
anécdotas, vivencias musicales.



