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miércoles, 27 de junio de 2012

Pequeña historia de Angela Tullida


ph DarkSoul



¿Cómo iniciar una reseña de un disco? Desde dónde pararse para emprender la tarea. ¿Desde la relevancia que tiene o tendrá en la Historia de las artes (rock es nuestro caso) la obra en cuestión? ¿En la destreza y vanidad musical de sus integrantes? ¿En la capacidad emocional de sus letras y melodías? En fin...
Obviamente, cualquier elección es arbitraria y nos compromete como oyentes y sujetos en medio de una incalculable cantidad de material sonoro, y para bien o para mal, de no sólo rock. Entonces, en cierta medida, hablar de discos o artista es hablar de nosotros como sujetos sociales y valoradores de arte inmersos en un sistema de consumo y producción.
Pero hay otra cuestión que se presenta y es ¿cómo hablar de un disco como unidad (si es que la tiene) sin mencionar la historia de la que forma parte? ¿Se puede pensar una obra aislada del resto, no sólo de las contemporáneas, sino y mas importante – creo -  de sus anteriores, de su lugar en una historia, la historia del artista o grupo? ¿Se puede pensar el arte fuera de su época e historia?
Obviamente hay varias respuestas posibles a éstas cuestiones y ninguna dará con la definitiva.
Ángela Tullida es una banda de movimiento lento, se mueve espesamente en el under desde hace más de 15 años. Su carrera discográfica es parca y descarnada consta de tan sólo cuatros discos de estudio y un reciente DVD de uno de sus conciertos en nuestra vecina Montevideo.

lunes, 4 de abril de 2011

¿Soy rock?



(…) Hay quienes ven en el rock una expresión crítica de su época más allá de su forma y distribución. Es decir, piensan el rock como una forma de expresión que, aún siendo parte indisoluble de lo que Adorno llama la industria de la cultura, se erige en su interior como crítica de la misma (crítica tanto de la cultura como de su industria discográfica). Quienes así piensan sostienen que el rock expresa la sensibilidad de los jóvenes de una época determinada; no sólo en sus intereses artísticos sino también en sus inclinaciones ideológicas y, en cierta medida, antropológicas.
En 1966 la juventud, tanto en USA como en Europa, muestra un nuevo rostro. En California y San Francisco la escena beat, representada por los escritores Allen Ginsberg, William Burroughs, Jack Kerouac, Lawrence Ferlinghetti y Gregory Corso, cede el paso a la revolución psicodélica. Se abre así un período de expansiva creatividad tanto artística como ideológica y experimental. El idolatrado cantante de protesta Bod Dylan, siguiendo los aires nuevos y el poema de Allen Ginsberg (“Aullido”), se traslada a San Francisco y se convierte en el poeta de esta nueva generación, dejando en algunas de sus mejores canciones la impronta verborragia de Kerouac. Paulatinamente desaparecen los “poetry love”, recitales de lecturas públicas donde se recitaban textos poéticos con fondo de jazz, y surgen manifestaciones de amor universal llamadas “love in”. En éstas, los primeros hippies asisten a espectáculos multidimensionales que vinculan música, imágenes y perfumes casi siempre narcóticos, y en lo que se exalta la sensibilidad y el desparpajo sexual. Ese mismo año más de 15.000 hippies se reúnen en un parque de San Francisco para ver tocar a Grateful Dead, Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service, Moby Grape, Big Brother & the Holding Company, Country Joe & The Fish, etc. Este evento es significativo por ser una de las primeras expresiones de lo que hoy denominamos “recital o festivales ”, todo esto en una atmósfera de orientalismo y drogas que propinan el ámbito ideal (uno por su filosofía y el otro por su propiedad) para el viaje, para la evasión, para la utopía, para la liberación tanto individual como colectiva. Muchos de estos grupos se convierten en los protagonistas de la mayor eclosión social, musical y cultural que tiene lugar en USA desde la aparición de Elvis.